Las recientes manifestaciones de jóvenes en varios países europeos, entre ellos Portugal, han reclamado viviendas asequibles, una mejor educación, salarios dignos y mejores perspectivas de futuro. El artículo de opinión que dio origen al titular afirma que estas demandas reflejan problemas reales, pero sostiene que el vandalismo y la intimidación las socavan cuando las protestas desembocan en disturbios.
Señala los bajos salarios, los alquileres inasequibles y las escasas oportunidades como motivos por los que algunos jóvenes cualificados abandonan el país. Al mismo tiempo, critica a las fuerzas políticas extremistas por aprovechar ese descontento para promover lo que el autor describe como la idea equivocada de que se puede alcanzar el éxito sin esfuerzo.
A partir de la concepción de la virtud moral de Aristóteles, el artículo sostiene que el carácter se desarrolla mediante la práctica y los hábitos, y que la educación —incluido el papel de las familias— debería ayudar a los jóvenes a cultivar la responsabilidad. Afirma que los derechos deben ir acompañados de deberes y de contribuciones individuales al progreso social.
El autor advierte que decirles a los jóvenes que nada depende de ellos puede intensificar sus sentimientos de impotencia, ansiedad e ira. El artículo afirma que algunas fuerzas políticas canalizan la frustración hacia la protesta permanente, atribuyen la responsabilidad únicamente a enemigos externos y prometen riqueza y justicia mediante la revolución, mientras posponen la responsabilidad individual.
Sostiene que unas condiciones laborales dignas son una demanda legítima, pero rechaza la idea de que quienes están en condiciones de trabajar deban esperar vivir a costa de los demás. El artículo concluye con una anécdota atribuida al papa Juan XXIII, quien, según se cuenta, bromeó diciendo que alrededor de la mitad de las personas del Vaticano trabajaban, y pregunta cuántas personas están trabajando realmente por el futuro que exigen.
Fuentes: Observador.