Los demócratas esperan hacerse con el control del Congreso en las elecciones de medio mandato, pero las divisiones sobre la identidad del partido podrían complicar ese objetivo. La contienda ha puesto de manifiesto las tensiones entre los moderados, partidarios de un cambio gradual, y los progresistas, que reclaman reformas más profundas, aunque ambos grupos se oponen a la agenda del presidente Donald Trump.

El panorama electoral parece favorable a los demócratas. Se describe que el índice de aprobación de Trump es históricamente bajo para un presidente que afronta elecciones de medio mandato, y la guerra en Irán y el aumento de los precios de la gasolina han agravado la preocupación de los votantes por el coste de la vida. Históricamente, el partido del presidente ha perdido escaños en la Cámara de Representantes en 18 de las últimas 20 elecciones de medio mandato. Sin embargo, los demócratas también siguen siendo impopulares, y los analistas dicen que eso podría ayudar a los republicanos a conservar el control del Congreso.

La disputa sobre el futuro del partido se refleja en las distintas prioridades de los votantes demócratas. James Stevens, un autodenominado socialista democrático de 24 años, quiere que el partido adopte políticas como un sistema de salud financiado con fondos públicos y límites a la influencia empresarial en la política. Su madre, Tamara, también es una demócrata comprometida, pero se identifica como sionista, lo que enfrenta a ambos en torno a Israel.

La salud es otra línea divisoria fundamental. Algunos demócratas se centran en reducir los gastos que salen del bolsillo de quienes ya tienen seguro, mientras que otros apoyan un sistema universal gestionado por el Gobierno, conocido como Medicare para Todos. Los sondeos citados en el informe indican que la mayoría de los demócratas favorece la atención sanitaria pública universal, aunque figuras del partido dicen que algunos votantes también quieren conservar el seguro privado y temen un programa gestionado íntegramente por el Gobierno.

Israel se ha convertido en una prueba de apoyo en algunas primarias demócratas. Abdul El-Sayed, crítico de las acciones de Israel en Gaza, superó las objeciones del establishment del partido en Michigan. Su postura ha atraído a votantes que consideraban que los demócratas no se habían opuesto con suficiente firmeza a las acciones de Israel, mientras que ha alejado a otros que vinculan el apoyo a Israel con la seguridad de los judíos y afirman que el antisemitismo ha aumentado dentro del partido.

El resultado de la campaña de El-Sayed podría influir en el debate sobre si los candidatos progresistas pueden ganar en estados disputados. Sus partidarios lo consideran una prueba de que las políticas de izquierda pueden atraer a votantes jóvenes y menos involucrados en la política; los moderados sostienen que los candidatos centristas tienen más probabilidades de ampliar las opciones del partido. Los analistas afirman que una victoria demócrata no resolvería estos desacuerdos, que probablemente repercutirán en la contienda por la candidatura presidencial del partido en 2028.

El relato del artículo sobre los votantes James y Tamara Stevens también apunta a un posible puente entre esas divisiones: ambos admiran al senador de Georgia Jon Ossoff. Tamara lo describe como alguien capaz de atraer tanto a moderados como a progresistas, y dice que valora su énfasis en la corrupción. La preocupación por la corrupción, la salud y el dinero de las empresas también estuvo presente en las declaraciones de campaña de Ossoff y en sus conversaciones con votantes de Georgia.

Fuentes: Folha Mundo.