Los chalecos de alta visibilidad y los de los servicios de emergencia se han convertido en una imagen habitual cuando los políticos visitan zonas afectadas por catástrofes. Pueden facilitar la identificación de los funcionarios, indicar quién supervisa la respuesta y, en algunas zonas, cumplir los requisitos de seguridad para acceder a lugares donde se llevan a cabo operaciones. Pero estas prendas también tienen un peso simbólico y suscitan un debate recurrente sobre si los líderes muestran solidaridad o están escenificando una imagen.

Entre los ejemplos recientes figuran el del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, que llevó un chaleco azul de Protección Civil durante sus visitas a un centro de coordinación tras una colisión ferroviaria en Urda. Durante el accidente ferroviario de Adamuz, Sánchez y el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, llevaban chalecos de Adif, mientras que el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno Bonilla, llevaba una chaqueta de los servicios de emergencia. El alcalde de Adamuz, Rafael Ángel Moreno, apareció con un jersey beige.

La elección de la ropa también ha variado en otras emergencias. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, llevó un chaleco con la palabra «president» durante los incendios forestales de verano en la Sierra, mientras que el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, apareció primero con un chaleco y luego con traje y corbata junto a Sánchez. En cambio, ni Mariano Rajoy ni el entonces presidente de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, llevaban chaleco cuando visitaron el lugar del accidente ferroviario de Angrois de 2013.

Ingenieros y trabajadores sanitarios han señalado repetidamente en internet que en algunas zonas de emergencia es obligatorio llevar ropa de alta visibilidad. Esa explicación práctica no zanja el debate más amplio: los críticos sostienen que los políticos pueden usar el chaleco como accesorio visual y apropiarse del simbolismo de los trabajadores de emergencias y los voluntarios para las fotografías oficiales. Otros argumentan que los representantes públicos pueden llevar legítimamente la insignia de Protección Civil.

Por tanto, la función de esta prenda es tanto práctica como política. En un puesto de mando o en un lugar devastado, puede ayudar a distinguir a un funcionario de las personas que lo rodean y, al mismo tiempo, contribuir a proyectar una imagen de autoridad y cercanía con quienes se han visto afectados. Sigue siendo objeto de debate si esa imagen tranquiliza al público o provoca irritación.

Fuentes: La Vanguardia.