El presidente Donald Trump ha declarado estar plenamente preparado para aceptar el resultado de las elecciones intermedias de 2026, reconociendo una victoria demócrata abarcadora en todo Estados Unidos. En una entrevista con The New York Times el martes, Trump afirmó su voluntad de trabajar con la oposición, declarando que espera colaborar con los demócratas y encontrar puntos en común. Esta postura marca un cambio notable respecto a su negativa anterior a reconocer su derrota presidencial de 2020, ya que no tiene intención de impugnar el veredicto actual de las urnas, a pesar de haber presentado anteriormente acusaciones de fraude antes de la elección.

A pesar de aceptar los resultados, Trump rechaza firmemente la responsabilidad personal por las pérdidas republicanas. Argumentó en su plataforma Truth Social que, dado que no era un candidato en la papeleta, el resultado habría sido diferente, afirmando que los republicanos habrían ganado por un amplio margen si él hubiera estado compitiendo. Esta afirmación surge incluso aunque Trump haya hecho campaña activamente y haya instado a sus partidarios a movilizarse como si él mismo fuera un candidato. Un funcionario de la Casa Blanca describió la actitud de la administración como una de desafío, señalando que el presidente sigue determinado a detener lo que denominan políticas de la "izquierda radical" independientemente de los resultados electorales.

La fuente de la Casa Blanca sugirió además que la calidad de los candidatos republicanos era deficiente y que Trump había hecho campaña de manera más efectiva que muchos de los propios nominados de su partido. Esta defensa pasa por alto el hecho de que Trump supervisó personalmente el proceso de selección de estos candidatos. La frustración del presidente fue evidente incluso antes de que concluyera la votación, ya que publicó múltiples mensajes en Truth Social atacando a Fox News. Acusó a la cadena con inclinaciones conservadoras de dañarlo deliberadamente, criticando sus datos de encuestas e insultando a un colaborador en el aire.

Los resultados electorales indican que los demócratas ya han asegurado el control de la Cámara de Representantes y están bien posicionados para tomar el Senado, lo que les otorgaría el control total del Congreso. Este cambio plantea desafíos significativos para la agenda legislativa de Trump, quien ha amenazado con utilizar extensamente su poder de veto contra los proyectos de ley aprobados por un Congreso demócrata. Además, si el Senado cambia de manos, Trump perderá gran parte de su poder de nombramiento, particularmente en lo que respecta a los nombramientos de por vida en la Corte Suprema en caso de vacantes. Si bien su margen de maniobra diplomático y militar sigue siendo significativo, el presidente enfrenta posibles investigaciones por parte de la Cámara recién empoderada.

Fuentes: Le Figaro.