El Gobierno de Donald Trump llevó este lunes al Tribunal Supremo su disputa para apartar poco más de 20.000 boletas en California correspondientes a personas que considera posibles no ciudadanas estadounidenses. La petición de emergencia se presentó un día antes de las elecciones de mitad de mandato, después de que varios tribunales inferiores rechazaran la solicitud.
El Departamento de Justicia pidió al máximo tribunal una medida limitada para que California no mezcle esas posibles boletas con las papeletas consideradas legales mientras continúa el litigio. La Administración sostiene que los votos no deberían contarse hasta comprobar la ciudadanía de quienes los emitieron.
Un análisis entregado al tribunal cuestiona parte de la identificación realizada por el Gobierno: el 42% de los nombres señalados ni siquiera figura en los registros electorales actuales del Estado. Expertos también han señalado que la participación de personas no ciudadanas en elecciones estadounidenses es extremadamente infrecuente.
La disputa se produce en el tramo final de una campaña marcada por la incertidumbre sobre el control del Congreso. Los sondeos anticipan que los demócratas podrían hacerse con la Cámara de Representantes, mientras que las carreras por el Senado permanecen muy ajustadas.
Trump dejó además abierta la posibilidad de conceder perdones preventivos a aliados cercanos si, según sus palabras, fuese necesario. En una entrevista con Pod Force One, del New York Post, afirmó que lo haría sin pensarlo si la situación lo exigiera. El presidente también dijo que vetaría todas las iniciativas si los republicanos pierden el control del Congreso, aunque añadió que podrían alcanzarse acuerdos.
El mandatario cerrará su campaña con un discurso en la piscina reflectante del Lincoln Memorial, en Washington. El lugar se convirtió en un problema para su Gobierno después de que las obras de renovación, con una inversión superior a 14 millones de dólares según el texto, fueran seguidas por la aparición de algas que dieron al agua un tono verdoso.
En Míchigan, la campaña registró un giro inesperado cuando la congresista demócrata Haley Stevens respaldó al republicano Mike Rogers, después de haber perdido las primarias frente al demócrata Abdul El-Sayed. Dirigentes demócratas calificaron el apoyo de “traición”. El-Sayed recaudó 2,4 millones de dólares el domingo, su mejor cifra diaria, según su campaña.
La controversia provocó reacciones entre los votantes de Detroit. Terry Worden, un demócrata progresista de 80 años, acusó a Stevens de actuar por motivos personales y dijo que su decisión podía desencadenar una “guerra civil” dentro del partido.
En Texas, el gobernador republicano Greg Abbott y la demócrata Gina Hinojosa concentraron sus últimos mensajes en San Antonio, una ciudad donde más de la mitad de los residentes son latinos, según los datos del censo. Abbott busca un cuarto mandato y aventaja a Hinojosa en 2,4 puntos de media en las encuestas citadas.
La preocupación por la corrupción también ha ganado peso en el cierre de la campaña. Nueve de cada diez estadounidenses considera que la falta de integridad en el Gobierno es un problema muy grave, según los datos incluidos en el seguimiento electoral.
La NAACP solicitó a un juez una orden de emergencia para limitar la presencia de agentes federales en los centros de votación. La organización sostiene que el despliegue del Departamento de Justicia puede intimidar a electores y trabajadores electorales, y pidió excluir de esos centros a agentes del Buró Federal de Prisiones, la Agencia Antidrogas y la Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos.
Los promedios de encuestas citados muestran que la intención de voto demócrata ha aumentado unos tres puntos desde el 1 de septiembre. En la papeleta genérica para la Cámara, la ventaja supera los ocho puntos, aunque el propio seguimiento advierte de dudas sobre la precisión de los sondeos.
Una encuesta de The New York Times y Siena University, realizada entre el 23 de octubre y el 1 de noviembre, situó a los demócratas por delante en cuatro de las siete contiendas más reñidas al Senado: Kansas, Maine, Ohio y Texas. También registró una diferencia estrecha en Alaska y un empate en Iowa. En Maine, el exsenador Joe Manchin, ahora independiente, respaldó a la republicana Susan Collins, que aparece seis puntos por debajo del demócrata Troy Jackson en ese sondeo.
Fuentes: El País Internacional.