Setenta años después de la sangrienta supresión de la Revolución Húngara de 1956, ha surgido un debate sobre la celebración del comunismo en los recientes campamentos de protesta en Lisboa y Oporto. La discusión, organizada en el programa Contracorrente por la periodista Carla Jorge Carvalho junto a los invitados José Manuel Fernandes y Helena Matos, cuestiona si los manifestantes actuales están abogando por una revolución comunista y qué implica eso.
La conversación destaca grabaciones de audio de las protestas donde los participantes llaman explícitamente a movilizar a la clase trabajadora para construir una alternativa revolucionaria comunista. Un orador que representa al Colectivo Comunista Revolucionario (CCR) declaró que su objetivo es guiar a la clase trabajadora y colocar el sistema actual en la "basura de la historia". Otro grupo, Unidade Popular, se describió a sí mismo como una organización que lucha por construir un socialismo donde derechos básicos como la vivienda y la salud dejen de ser mercancías para los capitalistas.
El diálogo también aborda llamamientos a la violencia y al derrocamiento de la democracia. Las grabaciones muestran a individuos exigiendo la destrucción del estado, la policía, el capital, los tribunales y los medios de comunicación, caracterizando la situación actual no como una protesta pacífica sino como una insurrección similar a los eventos en Francia. Los objetivos específicos mencionados incluyen al primer ministro Luís Montenegro, con oradores acusándolo de poseer 55 propiedades a expensas del pueblo, una afirmación que los anfitriones señalaron como parte de la demagogia a menudo presente en tales opiniones.
El programa contextualiza estas demandas modernas recordando la realidad histórica del comunismo, específicamente los eventos del 4 de octubre de 1956. En esa fecha, más de 2.000 tanques soviéticos rompieron las defensas húngaras y entraron en Budapest, aplastando un movimiento popular que había ocupado las calles durante dos semanas y obligando al país a volver bajo el control de Moscú. Los anfitriones señalan que, si bien la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, honró recientemente a los héroes de aquellos días en el Parlamento húngaro, la memoria de lo que representaba el comunismo parece haberse desvanecido para muchos.
Los invitados analizaron las raíces ideológicas de los grupos que aparecen en Portugal, identificando vínculos con internacionales trotskistas y grupos escindidos de partidos existentes como el Bloque de Izquierda. La discusión trazó paralelismos entre estos movimientos portugueses y figuras en otros lugares, como el candidato presidencial francés Jean-Luc Mélenchon, quien ha argumentado que la propiedad es robo, y Bernie Sanders en Estados Unidos. El programa enfatizó que, si bien algunas de estas ideas pueden parecer marginales en Portugal, representan una tendencia más amplia donde figuras políticas antiguas promueven la expropiación económica radical.
Se proporcionaron detalles históricos sobre la crisis húngara para ilustrar las consecuencias de tales ideologías. La narrativa describió el gobierno del líder estalinista Mátyás Rákosi, quien orquestó represión y purgas, incluida la ejecución del exjefe de policía László Rajk. Tras la muerte de Stalin en 1953 y el informe secreto de Jruschov sobre los crímenes de Stalin en el 20º Congreso del Partido en 1956, surgieron fracturas internas dentro del liderazgo comunista húngaro. Esto llevó a demandas de reforma lideradas por estudiantes, incluido el retiro del Ejército Rojo, que Hungría se vio obligada a pagar. Estas reuniones estudiantiles iniciales evolucionaron en masivas manifestaciones a lo largo del Danubio, uniendo a miles antes de la intervención soviética.
Fuentes: Observador.