La crisis de la vivienda en Portugal ha devuelto el espíritu de la Revolución de los Claveles de 1974 a las calles, después de que las intervenciones policiales en campamentos pacíficos de Lisboa y Oporto dejaran entre 80 y 100 personas heridas y desataran una tormenta política. En la plaza del Rossio de Lisboa, las pancartas colgadas de la estatua del rey Pedro IV incluían la promesa de repetir abril si era necesario, una referencia a la revolución que puso fin a la dictadura en 1974. Las protestas han atraído a miles de jóvenes y a residentes de mayor edad indignados por los costes de la vivienda y por el coste de la vida en general.
El presidente António José Seguro, socialista, dijo que no le gustó lo que vio en las imágenes del violento desalojo de campamentos durante el fin de semana del 24 y 25 de octubre. Después de que una nueva operación de desalojo en las dos ciudades el domingo dejara a decenas de personas heridas, renovó su exigencia de responsabilidades y convocó a partidos políticos y especialistas para abordar la vivienda. Horas más tarde, miles de personas regresaron a las plazas que habían sido despejadas en Lisboa y Oporto.
Las cifras subrayan la magnitud del problema. Portugal tiene la peor crisis de vivienda de la Unión Europea, con los precios de compra duplicados desde 2017 y los alquileres subiendo en una cantidad similar. Un salario mínimo inferior a 1.000 euros al mes hace que el alquiler mensual de unos 1.200 euros de un apartamento estándar sea inasequible para la mayoría de los hogares. Adriana Dias, profesora de español de 32 años en una escuela pública, dijo que solo puede vivir sola con la ayuda de sus padres. Se describió como privilegiada porque otras personas de su edad solo pueden alquilar una habitación, pero sostuvo que su situación debería ser normal y que los salarios ya no cubren un alquiler ordinario.
La crisis se ha visto alimentada por dos choques globales, según el relato: la crisis financiera de 2008, que devastó la construcción, y la pandemia, a la que siguieron el turismo de masas y los nómadas digitales. La llegada de expatriados a Lisboa y a otras ciudades del sur de Europa con precios relativamente bajos ha tensionado una oferta de vivienda insuficiente; la construcción ahora solo cubre alrededor de un tercio de la demanda. Los inversores extranjeros atraídos por los visados dorados, que desde entonces han sido restringidos, congestionaron aún más el mercado e impulsaron los precios al alza.
El debate político se ha enmarcado a menudo en términos de inmigrantes frente a capital extranjero. El partido de extrema derecha Chega, principal partido de la oposición, culpa a los inmigrantes, mientras que la izquierda señala a la especulación extranjera. El primer ministro Luís Montenegro, conservador, defendió su presupuesto para 2027 acusando a los anteriores gobiernos socialistas de atacar el capital extranjero e ignorar lo que llamó inmigración descontrolada. Las cifras oficiales muestran que Portugal tenía 1,6 millones de residentes extranjeros a finales del pasado diciembre, el 14% de una población de casi 11,5 millones, el doble del 7,1% registrado a finales de 2021, cuando había 748.000 inmigrantes. Eso ha añadido presión sobre la vivienda y los servicios públicos.
Los manifestantes rechazan ese marco. Dias dijo que la extrema derecha culpa a los inmigrantes, pero ella culpa a los especuladores, y añadió que los residentes de Lisboa no quieren ser maniquíes en un decorado turístico. Las manifestaciones han sido pacíficas y han reavivado los símbolos del 25 de Abril: claveles rojos, la canción Grândola Vila Morena y referencias a la Constitución de 1976 y sus derechos sociales. Una protesta frente al Parlamento el martes, mientras los diputados debatían el presupuesto para 2027, reunió a residentes de clase media, funcionarios, padres jóvenes, profesionales y pensionistas. La represión policial también ha llevado a personas de clase media a las calles en defensa del derecho a manifestarse.
La represión ha causado tensiones dentro del propio campo del Gobierno. Hugo Soares, líder del grupo parlamentario del gobernante PSD, reconoció que había habido excesos. Miguel Poiares Maduro, decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica de Portugal y exministro de Desarrollo Regional, dijo que el Gobierno había cometido un error político al tratar el asunto ante todo como una cuestión de orden público, aparentemente influido por los acontecimientos en España y Francia. Al intervenir temprano, cuando los manifestantes no se habían comportado con violencia, las autoridades volvieron a la opinión pública contra ellas y parecieron haber exacerbado el conflicto, sostuvo.
Los activistas por la vivienda atribuyen parte de la crisis a la ley de liberalización de alquileres de 2012 conocida como Ley Cristas, adoptada bajo presión de la troika. Maria Dolores Pinheiro, de la Asociación para el Patrimonio y la Población de Alfama, dijo que la ley permitió un vaciamiento del barrio mediante desalojos de personas mayores y vulnerables. Advirtió que la nueva ley de alquileres, que elimina los topes, será peor. En Alfama, uno de los barrios de Lisboa con más peso turístico, el 60% de los edificios de propiedad privada se utilizan para alojamiento turístico, dijo, y añadió que los desalojos han sido casi sin coste y que la zona queda abierta a la especulación.
La plataforma Casa para Viver, que reúne a unas 30 asociaciones, lidera la movilización y ha convocado una nueva marcha por la vivienda para el 14 de noviembre. Su portavoz, Nuno Ramos de Almeida, dijo que el mensaje de la calle había llamado la atención de los políticos, pero que no estaba claro si eso sería suficiente. Señaló aproximadamente 1.000 desalojos al año y a personas que abandonan sus hogares en silencio porque no pueden pagar. Según la plataforma, el 27% de las personas cae en la pobreza después de pagar el alquiler o una hipoteca.
Están previstas más protestas y huelgas. Los sindicatos del sector público agrupados en la Frente Comum han convocado una huelga para el 20 de noviembre bajo el lema salarios, derechos y servicios públicos, cuatro días antes de la votación final del presupuesto. Los manifestantes también han planteado la posibilidad de una huelga general ibérica el 11 de noviembre si los sindicatos portugueses se suman a una convocatoria en España. Los hogares portugueses también pagarán el doble este año en comparación con 2025 para calentar sus casas. En medio de la agitación, algunos participantes advierten de que elementos radicales podrían desacreditar el movimiento y beneficiar a la extrema derecha, mientras las autoridades acusan a la izquierda de instrumentalizar las protestas. Dias dijo que los claveles no se marchitarían y que abril era ahora, ya fuera en octubre o en noviembre.
Fuentes: El País Internacional.