Raseel, una niña de seis años con heridas graves, lleva dos meses en el Hospital Nasser de Gaza. Tiene una fractura grave en la pierna derecha, heridas infectadas en las piernas y una mano, y un fragmento de metralla alojado en el cerebro. Los médicos dicen que necesita un injerto de piel, pero primero sus heridas deben empezar a cicatrizar, y las infecciones no han respondido a los antibióticos disponibles en Gaza. Han vuelto a abrir y limpiar las heridas repetidamente, más de 20 veces.
Un médico de Médicos Sin Fronteras (MSF) que trata a Raseel dijo que las heridas contienen bacterias resistentes a varios medicamentos. Añadió que los hospitales de toda Gaza están registrando altas tasas de infecciones resistentes a los antibióticos y que están aislando a algunos pacientes para limitar el riesgo para los centros de salud.
Un estudio preliminar compartido con la BBC apunta a una resistencia generalizada a antibióticos clave en Gaza. Los investigadores analizaron casi 80.000 muestras bacterianas recogidas en 11 hospitales a lo largo de diez años, entre 2015 y 2025. Los autores lo describen como el mayor análisis de la resistencia a los antimicrobianos realizado hasta la fecha en Gaza, pero los resultados aún no han sido sometidos a revisión por pares.
Los investigadores dijeron que los daños en los sistemas de agua y saneamiento durante los conflictos pueden crear condiciones que favorecen la propagación de infecciones. Las consecuencias para los pacientes pueden ser graves, incluidas infecciones que se vuelven difíciles o imposibles de tratar. El médico de MSF advirtió que las infecciones que llegan a los huesos pueden provocar más amputaciones en los próximos años.
Según testigos, Raseel dormía con su familia en una tienda de campaña en el campamento de al-Mawasi, cerca de Jan Yunis, cuando un ataque aéreo israelí con helicóptero alcanzó la zona el 30 de julio. Su hermana de nueve años y un primo de 20 años murieron, mientras que su madre y su hermano resultaron gravemente heridos. Las fuerzas israelíes dijeron que no tenían constancia de ningún ataque en ese momento ni en ese lugar.
El artículo también describe los riesgos que afrontan las familias desplazadas que viven entre sistemas de saneamiento dañados y con un acceso limitado al agua potable. Las Naciones Unidas afirman que Israel ha destruido o dañado casi el 90% de la infraestructura de agua y saneamiento de Gaza. Un informe de la ONU publicado en julio dijo que más del 80% de los hogares carecía de acceso seguro al agua y que hasta el 70% no podía obtener siquiera seis litros por persona al día para beber y cocinar. El Coordinador de Actividades Gubernamentales en los Territorios de Israel cuestiona esas cifras y afirma que el suministro de agua a Gaza supera el mínimo de emergencia de la ONU.
Con la recogida de residuos prácticamente paralizada, la basura, los desechos humanos y las acumulaciones de agua contaminada se han amontonado cerca de los campamentos superpoblados. Se ha informado de la presencia de roedores y comadrejas en muchos de esos lugares. Una encuesta publicada en abril por el Clúster de Gestión de Sitios constató que en el 81% de los lugares donde se alojaban familias desplazadas se veían con frecuencia roedores u otras plagas, lo que afectaba a unas 1,45 millones de personas. La gente ha denunciado que la muerden mientras duerme, y que a veces sufre lesiones graves.
Rana al-Dahnoun, de 14 años, dijo que su padre, Basel, perdió la pierna derecha por debajo de la rodilla después de que unas comadrejas lo atacaran mientras dormía. Encontró las esterillas de la familia cubiertas de sangre y lo llevó rápidamente al hospital. Según Rana, la falta de suministros médicos impidió que el personal pudiera tratarle la herida o siquiera vendarla, y finalmente los médicos le amputaron la pierna. Organizaciones de ayuda y trabajadores sanitarios dijeron a la BBC que escasean los medicamentos básicos y el equipo médico.
El estado de Raseel sigue siendo grave. Los médicos dicen que todavía no es seguro extraer la metralla de su cerebro; no puede caminar y ha empezado a sufrir convulsiones. Su padre, Mahmoud al-Balawi, dijo a la BBC que temía que ella pudiera morir si seguía en Gaza. Finalmente, él y Raseel recibieron permiso para viajar a Egipto con el apoyo de la Organización Mundial de la Salud. La llevaron a un hospital cerca de El Cairo y estaba a la espera de ser trasladada a un centro mejor equipado en la capital.
El Ministerio de Salud de Gaza afirma que unos 5.600 niños esperan ser trasladados al extranjero para recibir tratamiento médico. Estos traslados requieren una derivación del ministerio, la aceptación de un país dispuesto a recibir al paciente y la aprobación de seguridad israelí. Mientras estaba en el Hospital Nasser, Raseel recibió una muñeca de un primo y la llamó Rateel, en honor a su hermana, que murió.
Fuentes: Folha Mundo.