António José Seguro enfrenta desafíos significativos en su papel como Presidente, marcados por una tendencia a permanecer en silencio cuando se requiere acción y a hablar sin transmitir mensajes de impacto. Contrario a la creencia de que su fuerte voto en la segunda ronda de las elecciones presidenciales le otorga un peso político sustancial, esta percepción es descrita como una invención. Seguro carece de la trayectoria, popularidad y gravedad de sus predecesores para imponer su voluntad, ni goza del apoyo de sus partidos de origen. Sus acciones no condicionan al partido gobernante, y sus palabras fallan en cautivar a su base natural de apoyo.

La victoria del Presidente en la primera ronda fue estrecha, con una victoria decisiva ocurriendo solo en la segunda ronda debido a la presencia de André Ventura. En un escenario políticamente difícil definido por el tripartidismo y el conflicto potencial, Seguro pretende actuar como guardián de la paz o "casco azul". Sin embargo, este enfoque se considera insuficiente sin la capacidad de intimidar a los beligerantes mediante la fuerza. Si bien prioriza el diálogo, sus esfuerzos a menudo son ignorados, en gran parte debido a sus propios errores en la comunicación.

Un error crítico de juicio ocurrió cuando Seguro permaneció públicamente en silencio respecto a la continuidad de Luís Neves. A pesar de haber hecho campaña defendiendo la ética republicana, el Presidente se mantuvo mudo mientras los problemas eran visibles para todos. Meses después de las revelaciones iniciales, finalmente utilizó una ceremonia oficial con la Policía Judicial para enviar un mensaje casi ininteligible al Gobierno. Esta reacción tardía tuvo poco efecto práctico, ya que el impulso político ya había cambiado. En consecuencia, figuras como Montenegro se sintieron inmunes a las consecuencias, mientras que Carneiro y Ventura se sintieron libres de actuar según su criterio.

Después de doce días de silencio observando cómo el país se enterraba en la crisis y un gobierno fallaba en gestionar la situación políticamente, la única declaración pública de Seguro fue "No me gustó lo que vi". Sus comentarios posteriores sobre episodios de violencia entre manifestantes y la policía fueron criticados por tratar eventos graves con el desapego de alguien que describe una mala noche en el teatro. Posteriormente, celebró reuniones con partidos, lanzó apelaciones incesantes al diálogo y anunció un Consejo de Estado para reorientar el debate político.

A pesar de estas medidas, ningún actor en el panorama político fue influenciado. El gobierno continúa dejando a Luís Neves sin control, el Partido Socialista ha abandonado las apariencias para abrazar a Quechua, las fuerzas de seguridad operan sobre un terreno legal incierto con decisiones operativas incomprensibles, y los manifestantes sienten que están ganando la batalla por la opinión pública. El poder principal de un Presidente reside en el uso efectivo de las palabras; quien no tiene nada que decir o solo afirma lo obvio corre el riesgo de volverse prescindible. Seguro es descrito como alguien que quiere ser herbívoro en una era de carnívoros.

Seguro experimentó previamente ser reemplazado sin apelación cuando António Costa tomó su lugar. Como el primer Presidente elegido únicamente en una segunda ronda en 40 años, no hay garantía de que no se convierta en el primero en perder la reelección.

Fuentes: Observador.