El día dedicado antaño a recordar a los muertos se ha visto cada vez más marcado por las imágenes de las películas y series de televisión norteamericanas, con brujas, zombis, maquillaje y máscaras que convierten la muerte en una fantasía estilizada. Las personas mayores todavía visitan los cementerios, limpian los nichos familiares y llevan flores, mientras gran parte de la sociedad se ha distanciado tanto de los lugares tradicionales de recuerdo como de la propia muerte.

La muerte ha sido trasladada en gran medida a los hospitales y los tanatorios, donde familiares y visitantes siguen rituales cada vez más sociales y centrados en sí mismos. Los funerales, sostiene el artículo, a menudo se convierten en ocasiones para que familiares y amigos hablen de sí mismos en lugar de situar al difunto en el centro de la ceremonia.

El autor también cuestiona el declive de la inhumación en favor de la cremación y la dispersión de las cenizas sin dejar un rastro visible. Las culturas antiguas se conocen en parte por los lugares de enterramiento que dejaron, pero los arqueólogos del futuro podrían encontrar menos restos de ese tipo con los que comprender la época presente.

Esta distancia respecto de la muerte está vinculada a una cultura cada vez más centrada en la apariencia, la salud, la vestimenta, la forma física y la exhibición personal. Las redes sociales han intensificado lo que el autor describe como una cultura narcisista, en la que la identidad se expresa a través del cuerpo y la imagen exterior. Desde esta perspectiva, los muertos, cuyos cuerpos ya no pueden presentarse como objetos estéticos, son retirados rápidamente de la vista.

Este año, sin embargo, ha sido más difícil evitar la muerte. El Día de Todos los Santos coincide con la confusión, la indignación y el dolor por la tragedia del AVE en Urda, que ha dejado un profundo sufrimiento y ha aumentado la desconfianza en la política. El accidente también ha sometido al PSOE a la presión de responder de acuerdo con los criterios que exigió a sus adversarios políticos durante las inundaciones de Valencia.

Sin embargo, el artículo sostiene que, mientras los cuerpos de las víctimas aún siguen siendo recuperados tras el accidente, políticos, partidarios y comentaristas ya se han alejado del duelo. El miedo a asumir responsabilidades y el deseo de explotar la debilidad de un rival han desplazado el respeto silencioso que los muertos y la tragedia deberían inspirar. A juicio del autor, la sociedad se ha vuelto incapaz de encontrar un significado en la muerte o de mantener un silencio compartido y fraternal, permitiendo que prevalezcan los impulsos y las urgencias de los vivos.

Fuentes: La Vanguardia.