António Guterres se acerca al final de su década como secretario general de las Naciones Unidas, un periodo marcado por el aumento de las divisiones geopolíticas, las guerras y los crecientes desafíos a las instituciones multilaterales. En una entrevista con EL PAÍS, señaló el cambio climático y la inteligencia artificial como los dos asuntos que seguirán ocupando su atención después de dejar el cargo.
Guterres afirmó que el mayor peligro de la inteligencia artificial sería la concentración de capacidades en Estados Unidos y China. Una competencia centrada en los sistemas militares y en el desarrollo de armas basadas en la IA, advirtió, podría tener consecuencias «absolutamente devastadoras». Pidió que existan canales de comunicación entre las grandes potencias para evitar una catástrofe y comparó la necesidad de diálogo con los mecanismos que mantuvieron Estados Unidos y Rusia durante la Guerra Fría.
El jefe de la ONU también sostuvo que las empresas deberían ofrecer una mayor transparencia sobre los riesgos ambientales de los productos que desarrollan. Esa información, dijo, podría respaldar el diálogo multilateral, la cooperación y las normas para supervisar los riesgos relacionados con la IA.
Guterres describió el Consejo de Seguridad de la ONU como su mayor frustración. Afirmó que su composición ya no refleja el mundo actual, con el Sur Global infrarrepresentado y África y América Latina sin miembros permanentes. También señaló la limitada eficacia del Consejo en medio de las divisiones geopolíticas y de la participación de dos miembros permanentes en guerras, lo que, según dijo, contribuye a una sensación de impunidad.
Preguntado por el futuro liderazgo de la ONU, Guterres se negó a comentar el proceso de sucesión, que sigue afectado por la falta de acuerdo entre las cinco potencias con derecho de veto. Dijo que esperaba que el proceso concluyera positivamente e indicó que le complacería que una mujer lo sustituyera, señalando que las mujeres siguen estando infrarrepresentadas entre los líderes de los países más poderosos del mundo.
Guterres defendió el compromiso de la organización con el derecho internacional y rechazó lo que describió como una forma transaccional de diplomacia. Dijo que la ONU había condenado la invasión rusa de Ucrania y, al mismo tiempo, había defendido el derecho del pueblo palestino a la autodeterminación, además de haber condenado tanto el ataque de Hamás del 7 de octubre como las muertes y la destrucción en Gaza. Perder ese punto de referencia, advirtió, conduciría a un mundo sin reglas, lo que sería desastroso para todos.
Sobre el cambio climático, Guterres afirmó que la humanidad seguía perdiendo la batalla. Las emisiones continúan en su nivel más alto y es probable que se supere, al menos temporalmente, el umbral de 1,5 grados por encima de los niveles preindustriales. Sin embargo, dijo que la ciencia, la economía y la seguridad respaldan una transición hacia las energías renovables, y añadió que la era de los combustibles fósiles está llegando a su fin.
Guterres también mantuvo su apoyo a la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo, conocida como UNRWA. Dijo que la agencia estaba siendo reformada para garantizar su neutralidad completa, pero que seguía desempeñando un papel esencial en la asistencia a los refugiados palestinos en Gaza, Cisjordania, Siria, Jordania y Líbano.
En relación con la guerra en Ucrania, Guterres afirmó que no veía una solución a corto plazo. Apoyó un alto el fuego inmediato, pero dijo que Rusia exigía la transferencia de los territorios de Donetsk que todavía están bajo control de Ucrania, una condición que Kiev rechaza. Describió las posiciones de ambas partes como irreconciliables por ahora y afirmó que Ucrania seguía enfrentándose a ataques especialmente graves contra su infraestructura energética.
Fuentes: El País Internacional.