Las elecciones legislativas de medio mandato en Estados Unidos combinan tradicionalmente una menor participación con un voto de protesta contra el partido del presidente. Aunque la participación en las recientes elecciones presidenciales ha aumentado hasta alrededor del 65% de los ciudadanos en edad de votar, solo fue del 46% en las elecciones de medio mandato celebradas hace cuatro años. Los votantes registrados tienden a votar en proporciones elevadas, pero muchos ciudadanos que reúnen los requisitos no están registrados, y los independientes —que ahora representan el 45% de los votantes registrados— suelen abstenerse en las elecciones al Congreso celebradas entre contiendas presidenciales.
Este año, la principal incertidumbre es si los Republicanos decepcionados también se quedarán en casa. Es poco probable que los Demócratas se beneficien de un cambio masivo de bando entre los votantes republicanos, pero la abstención de los republicanos y de los simpatizantes de MAGA podría ayudarles en las contiendas más reñidas. Al mismo tiempo, los demócratas descontentos podrían reforzar la tendencia tradicional de las elecciones de medio mandato a votar contra el partido gobernante.
Los asuntos de campaña descritos en el análisis disponible sitúan actualmente a los republicanos en desventaja. El aumento de los precios del combustible, los alimentos y otros bienes se está vinculando, respectivamente, con la Guerra en Irán y los aranceles a las importaciones, mientras que el incremento de los costes hipotecarios significa que la inflación está afectando tanto a los automóviles como a la vivienda. La oposición a la guerra también está creciendo, pese a las promesas anteriores de Donald Trump, junto con las críticas por la presunta corrupción que involucra a miembros de su familia y a sus asociados. También existe un enfado adicional por el trato a los inmigrantes, aunque el apoyo al control fronterizo sigue siendo, en términos generales, sólido.
No se espera que el descontento en la derecha produzca un apoyo sustancial a los demócratas. Algunos activistas de MAGA han roto con Trump por la guerra en Irán, han adoptado posiciones antisionistas o han criticado que sigan sin publicarse todos los documentos de Epstein. Sin embargo, en el entorno político polarizado, es más probable que esta insatisfacción se traduzca en abstención que en una transferencia de votos al Partido Demócrata.
Los Socialistas Democráticos de Estados Unidos aparecen como un contrapunto menor en la izquierda. El grupo se ha alejado de algunas propuestas que anteriormente generaban controversia y se está centrando más en la presunta corrupción moral y financiera entre los candidatos republicanos. Aun así, se espera que la influencia de ambos extremos siga siendo limitada, porque solo apoyan a alrededor del 5% de los candidatos de cada partido.
Para cambiar la mayoría en la Cámara de Representantes, los demócratas tendrían que conservar todos sus escaños actuales y ganar al menos cuatro de los 221 escaños controlados por los republicanos o vacantes. En el Senado, tendrían que conservar todos los escaños que controlan actualmente y conquistar al menos cuatro de los 20 escaños en disputa que ahora están en manos republicanas. Por tanto, el análisis describe el desafío demócrata como la necesidad de obtener avances en una pequeña proporción de los escaños de la Cámara controlados por los republicanos y en una proporción mucho mayor de los escaños republicanos del Senado que están en juego.
Las encuestas añaden otra capa de incertidumbre. Desde la expansión de los teléfonos móviles, los sondeos han obtenido respuestas de solo alrededor del 10% al 15% de las personas contactadas. Durante la campaña se han publicado más de 1.000 encuestas, pero, en conjunto, han recibido respuestas de menos del 1% de los votantes registrados. El análisis sostiene que los demócratas enfadados han estado más dispuestos a responder que los republicanos decepcionados, lo que podría provocar que el apoyo demócrata aparezca sobrerrepresentado.
En las cinco elecciones anteriores, las encuestas sobrestimaron el voto demócrata en un promedio del 3% en las contiendas para la Cámara y del 6% en las del Senado. Si las encuestas actuales volvieran a sobrestimar en un 3% el apoyo demócrata en todos los estados, los republicanos podrían conservar estados como Iowa, Kansas y Michigan, mientras que los demócratas aún podrían ganar contiendas al Senado en estados tradicionalmente republicanos, entre ellos Alaska, Ohio y Texas. Por tanto, el resultado final sigue siendo muy incierto.
Fuentes: La Vanguardia.