La situación humanitaria en Afganistán ha escalado hasta convertirse en una de las crisis más graves del mundo, siendo los niños quienes soportan la mayor parte del sufrimiento. Las organizaciones de ayuda, incluido UNICEF, han sonado la alarma a medida que continúa aumentando el número de niños y niñas con desnutrición aguda. Cinco años después de que los talibanes recuperaran el poder, casi un tercio de la población carece de acceso fiable a alimentos, una realidad que se está volviendo cada vez más visible en las 70 clínicas operadas por Save the Children en todo el país.

Shagufa Abdul, trabajadora humanitaria de Save the Children con base en Kabul, describe escenas aterradoras de su trabajo de campo. En agosto, presenció cómo una madre severamente emaciada viajaba cuatro horas bajo un calor de 45 grados para llegar a una clínica apoyada por el gobierno alemán con su bebé igualmente desnutrido. Abdul señala que tales casos ya no son excepciones, sino la norma. Estima que aproximadamente un millón de niños entre los seis meses y los cinco años sufren de desnutrición grave, luchando por sobrevivir en lugar de jugar o desarrollarse como deberían.

Dos factores principales están impulsando esta catástrofe: el retorno forzado de millones de afganos desde los países vecinos Irán y Pakistán en los últimos años, y los recortes significativos en la financiación por parte de los países donantes internacionales, incluida Alemania. Olga Cherevko, del Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios, advierte que se espera que la situación se deteriore aún más con la llegada del invierno. Se proyecta que el número de personas que no saben de dónde vendrá su próxima comida superará los 19 millones. Para la primavera, cinco millones de personas podrían enfrentar una emergencia catastrófica, colocando a Afganistán a un solo paso de la hambruna.

Cherevko enfatiza la necesidad urgente de actuar antes de que llegue el invierno, en lugar de esperar hasta que las familias hayan agotado todas sus opciones. Esto incluye proporcionar ayuda alimentaria, proteger al ganado y los activos productivos, apoyar a los agricultores antes de que se cierren las ventanas de siembra y garantizar el acceso a servicios básicos de salud, nutrición y agua. Sin embargo, la financiación actual de la comunidad internacional está muy por debajo de lo necesario para abordar la crisis.

La falta de financiación ya ha obligado a Save the Children a considerar el cierre de 40 instalaciones de salud en todo el mundo este año. En Afganistán, donde la organización opera desde 1976 gestionando centros de nutrición y equipos móviles de salud en zonas remotas, los recortes de fondos han llevado a situaciones en las que los niños desnutridos ya no pueden recibir alimentos en las clínicas. Abdul advierte que si el personal médico se va o las clínicas se ven obligadas a cerrar debido a la falta de fondos, las familias no tendrán alternativas, lo que resultará en la muerte de niños que de otro modo sobrevivirían con atención básica.

Fuentes: Tagesschau.