Novaïa Gazeta, un pilar del periodismo independiente en Rusia durante tres décadas, anunció el viernes 30 de octubre que cesará sus operaciones de forma permanente. El periódico, conocido por su periodismo de investigación sobre la corrupción gubernamental, la violencia estatal y las violaciones de los derechos humanos, declaró que está cerrando debido a la presión sostenida de las autoridades rusas. El director editorial Sergei Sokolov confirmó la decisión en un video de YouTube, describiendo la situación como profundamente personal y dramática antes de declarar que la publicación ha sido asesinada por el Estado.

Según Sokolov, el periódico apagará sus luces y cerrará sus servidores el 9 de noviembre, marcando el fin de treinta años en su sede de Moscú. El equipo editorial reveló en un comunicado que recibieron una orden de desalojo que les exigía abandonar sus históricas oficinas. Además, los sistemas financieros utilizados para recibir donaciones han sido bloqueados, dejando al personal sin financiación ni lugar de trabajo bajo la constante amenaza de represión.

Sokolov acusó al Kremlin de destruir los derechos humanos en Rusia, señalando que defender tales derechos ahora se trata como un delito. Destacó que las instituciones electas y las organizaciones de la sociedad civil han sido efectivamente desmanteladas. La represión contra el periódico se intensificó significativamente en los últimos meses. En abril, la redacción fue allanada y un periodista fue arrestado. Para septiembre, Novaïa Gazeta fue designada como "agente extranjero" y, el 15 de octubre, el propio Sokolov fue arrestado y su hogar allanado en relación con un caso penal que involucraba a su colega Oleg Roldouguine.

Fundada en 1993 con el apoyo de Mijaíl Gorbachov, el periódico ha sido durante mucho tiempo un objetivo de la administración de Vladímir Putin, especialmente desde que comenzó la guerra en Ucrania. Mientras que la edición impresa se suspendió temporalmente en marzo de 2022 y algunos periodistas fueron exiliados para lanzar Novaïa Gazeta Europa, el equipo de Moscú continuó publicando en línea y en tiradas impresas limitadas de menos de 1.000 copias para evitar los requisitos de registro de medios. El compromiso de la publicación con cubrir temas sensibles, incluidos los crímenes militares rusos, la corrupción de la élite, el Grupo Wagner y la represión en Chechenia, tuvo un alto costo; seis periodistas o colaboradores han sido asesinados desde su creación, incluida Anna Politkovskaïa.

Antes de su extinción final, Sokolov anunció que se publicará un último número de Novaïa Gazeta. El cierre marca el fin de una era para los medios independientes rusos, dejando al equipo sin medios de subsistencia tras tres décadas de vida compartida con el país y sus ciudadanos.

Fuentes: RFI.