Ko Samet, situada en la provincia de Rayong en Tailandia, se ha consolidado como un refugio preferido para los residentes de Bangkok y los viajeros que buscan escapar de los circuitos turísticos más concurridos del país. Accesible desde la capital mediante un viaje de cuatro horas que combina automóvil y ferry, la isla destaca por preservar una atmósfera auténtica que otros destinos populares parecen haber perdido. A diferencia de sus vecinas en el Golfo de Tailandia, como Ko Samui o Ko Panghan, Ko Samet mantiene playas tranquilas y restaurantes locales, ofreciendo a los visitantes la sensación de estar en un lugar al que pocos han llegado.

Como parte del Parque Nacional Khao Laem Ya-Mu Ko Samet, la entrada requiere el pago de una pequeña tarifa. Una vez en la isla, se recomienda encarecidamente alquilar una motocicleta para moverse con libertad, a pesar de las advertencias de algunos agentes de alquiler sobre la falta de aplicación policial por parte de la policía. Dado el pequeño tamaño de la isla, tener dos ruedas permite a los visitantes desplazarse entre playas sin esperar por los camiones compartidos songthaew que funcionan como transporte público. Esta movilidad es esencial porque moverse de una playa a otra es, en esencia, la actividad principal disponible en Ko Samet.

El destino es particularmente adecuado para nómadas digitales que buscan un descanso para nadar o para viajeros cuyo único objetivo es desconectar después de días visitando templos y navegando por mercados bulliciosos. El encanto de la isla radica en su negativa a convertirse en un punto de moda, aunque sus playas rivalizan con las encontradas en los itinerarios turísticos estándar. Además, su ubicación protegida la convierte en una opción viable durante la temporada de lluvias.

Na Dan sirve como el único centro poblado de la isla, consistiendo en apenas cuatro calles que se extienden desde el puerto. Esta zona cuenta con restaurantes locales con un ambiente más auténtico que los encontrados en otros lugares, junto con un espacio de mercado callejero. Aunque menos caótico que los mercados de Bangkok, ofrece pescado fresco a la parrilla y opciones de happy hour en bares cercanos. Caminando por la calle principal paralela a la playa Hat Sai Kaew, los visitantes pueden ver el único monumento de la isla: una estatua de La Sirenita. Esta escultura hace referencia al famoso poema tailandés "Phra Aphai Mani", que cuenta la historia de un príncipe exiliado rescatado por una sirena después de ser capturado por una bruja del mar.

En el lado occidental, anidado entre manglares, se encuentra Ao Prao, también conocida como Playa de los Coco. Es la única playa en esa zona y ofrece vistas al atardecer desde hamacas en tres hoteles sofisticados que dominan la línea costera. Dirigiéndose hacia el sur a lo largo del lado oriental desde el pueblo, se revela una serie de playas mejor exploradas en motocicleta. Se aconseja a los viajeros elegir una playa como base para su alojamiento antes de explorar las demás.

Para aquellos que buscan tranquilidad con opciones de comida cerca de Na Dan, Ao Wong Duean es una elección ideal. Esta bahía ancha y plana alberga varios hoteles con habitaciones estilo bungalow y restaurantes no masificados que sirven sabores locales. El área permanece tranquila, libre de bares ruidosos, lo que la hace perfecta para el trabajo remoto o la relajación. Por encima de Wong Duean, separada por una colina rocosa, se encuentra Ao Phutsa, también conocida como Tubtim. Con arena blanca fina y agua cristalina, esta playa tiene solo un kiosco y un restaurante con el nombre del lugar. Su estética de madera evoca épocas pasadas, y su menú de mariscos la convierte en un destino gastronómico destacado.

Viajar hacia el sur por la única carretera de la isla ofrece varios miradores. Si bien los senderos de trekking en la selva interior están algo descuidados, continuar en motocicleta hasta el extremo de la isla conduce al paseo marítimo de Laem Toei. Esta estructura serpentea a lo largo de acantilados, ofreciendo vistas increíbles y una sensación de estar en el borde del mundo. Antes de llegar a este punto, vale la pena hacer una parada en la playa Ao Wai. El acceso requiere dejar la motocicleta en la carretera y caminar pasando un complejo algo deteriorado para llegar a una playa más abierta y salvaje rodeada enteramente por la naturaleza. Este paisaje ejemplifica las playas encontradas en todo el parque nacional, que también pueden explorarse mediante excursiones en barco visitando cinco islas adicionales para el buceo con snorkel.

Independientemente de la playa que los visitantes elijan para cenar, pueden presenciar un espectáculo nocturno donde los artistas crean círculos concéntricos con antorchas, pareciendo emerger del mar. Estos elementos confirman que Ko Samet funciona mejor cuando se visita sin una agenda turística rígida. La isla es más disfrutada por aquellos cuyas únicas preocupaciones son decidir dónde nadar y dónde comer buen pescado.

Fuentes: La Vanguardia.