La isla de Coiba, ubicada aproximadamente a 25 kilómetros al suroeste de Veraguas en la costa pacífica de Panamá, ha sido reconocida durante mucho tiempo como un paraíso natural prístino. Sin embargo, este archipiélago de aguas cristalinas carga con una oscura historia que abarca 85 años como una temida prisión al aire libre donde se documentaron torturas, trabajos forzados y brutales masacres. Durante la dictadura panameña de 1968 a 1989, la instalación albergó criminales peligrosos junto con opositores políticos. La prisión cerró en 2004, permitiendo que la isla fuera dedicada completamente como reserva natural para preservar su memoria, una medida que le otorgó el estatus de Patrimonio Mundial de la UNESCO.
Las décadas de encarcelamiento ayudaron inadvertidamente a mantener los ecosistemas y la biodiversidad de Coiba casi intactos por la intervención humana. Sin embargo, este aislamiento ha sido desafiado recientemente. En junio, tras una fuga masiva de una gran prisión en la capital, Panamá trasladó a 29 internos a una base aérea naval en la isla. Para agosto, tres personas adicionales fueron movidas allí, incluido el exalcalde de Colón, Carlos Lee, quien enfrenta cargos relacionados con delitos contra la administración pública pero que aún no ha sido condenado.
El presidente José Raúl Mulino defendió los traslados como necesarios para la seguridad nacional en lugar de un debate sobre el estatus de la reserva. Su administración declaró que el objetivo era golpear a las estructuras criminales que operan dentro del sistema penitenciario. A pesar de estas afirmaciones, la medida ha generado controversia entre científicos y líderes ambientales. Coiba es el parque marino más grande de Centroamérica, abarcando 270.125 hectáreas, y sirve como un laboratorio al aire libre masivo para estudiar ecosistemas vírgenes.
La historia de violencia de la isla está bien documentada por exreclusos como Narciso "Mali Mali" Bastidas, quien cumplió diez años allí antes de convertirse en guardabosques y asistente de investigación. Bastidas relató las duras condiciones bajo el régimen militar, incluido el trabajo forzado en la deforestación y la ganadería, golpes brutales y alimentos insuficientes. Describió un momento particularmente oscuro en 1998 cuando cuatro prisioneros que intentaban escapar fueron interceptados por pandillas rivales y decapitados, un evento que contribuyó al cierre eventual de la prisión debido tanto a la indignación pública como a los altos costos operativos.
Hoy en día, los investigadores ven a Coiba como un "Jurassic Park moderno", ofreciendo una oportunidad única para estudiar ecosistemas que han permanecido intactos durante 12.000 años. Biólogos marinos como Edgardo Díaz Ferguson utilizan la isla para rastrear las rutas migratorias de ballenas y tiburones y comprender cómo los criaderos naturales regeneran la vida marina. En tierra, el área alberga niveles excepcionales de especies endémicas, incluyendo el águila arpía y el guacamayo escarlata, que son raros en otras partes de Panamá.
Las organizaciones ambientales, como el Centro de Defensa Ambiental de Panamá, han expresado preocupación por el hecho de que la presencia de prisioneros viole las leyes que protegen la reserva. Argumentan que la legislación exige que el territorio se utilice exclusivamente para la administración del parque, la investigación científica y el ecoturismo. Si bien el Ministerio de Ambiente afirma que no hay impacto ambiental ya que no se construyó nueva infraestructura para alojar a los internos, las familias de los prisioneros trasladados han protestado, exigiendo acceso a sus familiares y representación legal.
A pesar de la controversia, los científicos señalan que las actividades de investigación actuales permanecen sin afectar. Mali Bastidas, quien ahora trabaja en proyectos de regeneración forestal junto a botánicos, ve el traslado como una respuesta de seguridad temporal en lugar de un plan a largo plazo para reabrir la colonia penal. Espera que Coiba sea preservada para las generaciones futuras, notando cómo la isla se transformó de un lugar de su sufrimiento en una fuente de gratitud y conexión con la naturaleza.
Fuentes: G1.